¿LIBRO FÍSICO O DIGITAL?

Soy incapaz de elegir entre leer en papel o leer en digital, como quien no puede escoger entre dos amores distintos o entre alguno de sus hijos.
De hecho, leo siempre dos libros (a veces más) a la vez. Uno, en papel, que leo durante el día, para que mi hija me vea, me imite y piense que sostener un libro es una de las cosas más emocionantes de la vida. Ya se sabe: educamos más con lo que hacemos que con lo que decimos. Desde que ha aprendido a leer, se sienta un ratito a mi lado con su libro y compartimos momentos maravillosos.

Aparte, leo otro en digital, reservado para los últimos momentos del día en la cama, a oscuras, como si fuera un pequeño contrabando de sueños que solo yo conozco.

Admito que nada supera el olor, el peso, el crujido de las páginas. Además, puedes usar el propio libro como arma disuasoria contra los que osen molestar. Pero poder leer a oscuras, en cualquier postura absurda y sin cargar con un tocho de 700 páginas que te dislocaría la muñeca es pura magia, y eso solo lo ofrece el formato digital.

Así que no, no puedo escoger. Soy feliz con mis dos rituales: el libro de papel que me acompaña en el bullicio del día y el digital que me arropa en el silencio de la noche.

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